viernes, 20 de diciembre de 2024

 

Cálido sol de verano sobre una tumba

 


Escribir un poema es reparar la herida fundamental,

la desgarradura. Porque todos estamos heridos.

Alejandra Pizarnik

 

Entender la poesía es entender la vida.

 

Juan Rulfo decía que tomaba los nombres de los personajes de sus cuentos de las tumbas del cementerio del pueblo –para no aludir a seres vivientes que desvirtuaran sus ficciones–, pero en la última morada de una persona, a veces, encontramos más que nombres, fechas, vestigios de una postrer voluntad o indicios como códigos de epitafios que saltan a la vista en forma de poesía. Las palabras son encontradas como en un papelillo dentro de una botella que llegó a ti desde el mar. El mensaje al buril lleva significado, pero también una historia.

La poesía se sumerge en la vida y sale a respirar de tiempo en tiempo.

Hay una tumba, en Elmira, Nueva York, que tiene como epitafio un poema radiante. En la parte superior de la lápida se lee: Olivia Susan Clemens (hija de Samuel Clemens, mejor conocido como Mark Twain) mar. 19, 1872 – aug. 18, 1896; en la pétrea inscripción no dice que se trata de la hija consentida de uno de los escritores más representativos de la literatura americana del siglo XIX, quien falleciera a la edad de 24 años de meningitis, pero en la parte frontal una estrofa que su padre ordenó registrar lo confiesa:

 

Cálido sol de verano, brilla amablemente aquí,

viento cálido del sur, sopla suavemente aquí.

Césped verde arriba, reposa ligero, reposa ligero.

Buenas noches, querido corazón,

                          Buenas noches, buenas noches.

 

Este canto pretende ser un arrullo robado de la naturaleza. La piedra labrada tiene el mensaje incógnito: “verano” puede interpretarse como el culminar de la vida a una edad llena de calor, que ansía dar sus propios pasos, cuando realmente se experimenta la vida en su máxima calidad. Conceptos naturales reflejan el paso del tiempo, la vida es refrescante y grandiosa como un soplo de “viento” en la cara. No hay despedida, se guarda la esperanza de un reencuentro: Cuida, madre-tierra, este ser que descansa en tus entrañas.  “Querido corazón”, quedas en mí, como una noche tranquila y en paz. Las estrellas honran tu vida.

Sauce y acacia / Morir con la edad del verano, ¿Quién fue Susy Clemens?

Olivia Susan Clemens, hija mayor de Sam Clemens, era la hija favorita indiscutible del autor de Las aventuras de Tom Sawyer y un sinnúmero de novelas, cuentos y poesía. Desde muy joven, siempre escuchaba las obras en progreso de su padre, dándole opiniones que invariablemente eran tomadas en cuenta. Estaba claro que Clemens consideraba a Susy como su heredera intelectual. Mark Twain encontró en Susy a quien lo ayudó a encaminar su trabajo literario hacia una dirección más seria.

Ella comenzó a escribir una biografía de su padre a la edad de trece años, que posteriormente inspiró a Twain a escribir su propia autobiografía, donde tomó muchas referencias de la primera. "Suzy a los 17 años, Juana de Arco a los 17 años. En secreto, dibujé el retrato físico de Juana basado en Suzy a esa edad, cuando comencé a escribir ese libro” reconoció Twain tal inspiración al escribir la novela Juana de Arco. Cuando Susy murió, Clemens quedó devastado, lo cual afectó la calidad de su obra en el transcurso del tiempo.

Hay que ponerle música a la herida. El poema dedicado a la muerte temprana ha tenido réplicas.

Dan Forrest (nacido el 7 de enero de 1978), compositor y pianista estadounidense, descrito como poseedor de “un indudable don para escribir música … que es verdaderamente mágica” (NY Concert Review) escribió una pieza coral como respuesta a la muerte de una niña en Etiopía que estaba a punto de ser adoptada por su hermano y cuñada, la tituló: Good night, dear heart (Buenas noches, querido corazón), como uno de los versos inscritos en la citada lápida. “Mi búsqueda de un texto adecuado (en ese duro momento) me llevó a una imagen de un cementerio de mi ciudad natal (Elmira, Nueva York), donde están enterrados Mark Twain y su familia. Mi hermano y yo, desde nuestra juventud, conocemos el poema que Twain colocó en la lápida de su amada hija Susy, cuando ella murió inesperadamente a los 24 años y lo dejó con el corazón roto. Me sorprendió la agridulce ironía de que este texto fuera de nuestra ciudad natal y en honor a una amada hija que murió inesperadamente. Escribí esta composición esa noche”, expresa Dan Forrest en el catálogo de su obra.

La niña etíope, Susy, Annette.

Lo más extraño del caso, es que (aunque esté inscrito en la misma lápida), muchos desconocen que los versos no son de la autoría del escritor americano, Mark Twain, quien los tomó del poema Annette del australiano Robert Richardson, publicado en su libro Sauce y acacia (Willow and wattle, 1893), que en su versión completa narra una tragedia parecida a la que sufrió Samuel Clemens en su momento. Twain encontró en la poesía un pequeño aliciente a su pena.

Annette es un poema de 84 versos, donde Robert Richardson cuenta una historia no del todo trágica ni un poco de feliz:

“Dicen, Annette, que rompiste / el corazón de un tonto o dos. … admitiré, Annette, / que eras una triste coqueta; … enamorada de todas las pequeñas felicidades / que para el hombre caído son inapropiadas”, inicia el poema, “Sin embargo, pensé, Annette, / que a veces estabas / un poco cansada de oír / las campanadas de medianoche”; y repite un estribillo que derrama tristeza: “Los días de baile pasan velozmente, / ¡muertos y con sólo veintiún años! … Nunca más tus pies / guiarán suavemente las horas risueñas, / ni guiarán la danza soñadora del vals / hacia las ‘bellas y antiguas melodías de Francia‛". Richardson lanza un suspiro de esperanza: “tu alma ligera seguramente está ahora / cantando, con garganta suave y ronca, / al viento que no le hace caso; … Sobre ti soplará la hierba, / vendrán las primaveras y se irán los otoños. / ¿Sabrás alguna vez, Annette, / que quedan aquí uno o dos / que todavía te recordarán?” Concluye el autor australiano con la estrofa que Twain puso en la tumba de su amada hija:

 

Cálido sol de verano, brilla amigablemente aquí;

cálido viento del oeste, sopla amablemente aquí;

Césped verde arriba, descansa la luz, descansa la luz.

¡Buenas noches, Annette!

                                         ¡Cariño, buenas noches!

 

Robert Richardson en 1893, Mark Twain en 1896 y Dan Forrest en el 2015, nos dan muestra de que la poesía ronda en la sombra de la vida, y como una misiva de botella lanzada al mar, encuentra un interlocutor que toma para sí el mensaje y hace suya tal lírica.

 A continuación el poema completo de Richardson 


ANNETTE.

 

Dicen, Annette, que rompiste

el corazón de un tonto o dos.

Me pregunto si esto será cierto.

Sin embargo, admitiré, Annette,

que eras una triste coqueta;

ávida de elogios y ávida de besos,

enamorada de todas las pequeñas felicidades

que para el hombre caído son inapropiadas,

según nos dicen, pero tan dulces son;

enamorada de tu alegría, y esta es

toda la culpa que puedo recordar

que recaiga sobre tu joven cabeza...

Y yo te conocía mejor que nadie.

 

Ahorra pensamiento y poco cuidado

que trenzar tu cabello ondulado,

llevar cintas azules o carmesíes.

¿Quién en toda esta belleza vertiginosa

es tan brillante y afable?

Sin embargo, pensé, Annette,

que a veces estabas

un poco cansada de oír

las campanadas de medianoche;

cansada del espectáculo pasajero,

cansada de la derrota, el parque y la carretera;

anhelando el retiro de la noche,

cansados ​​tu pequeño corazón y tus pies.

Los días de baile pasan velozmente,

¡muertos y con sólo veintiún años!

 

Nunca tan feliz como cuando tenías

veinte amantes, hombres y muchachos,

a tu alrededor esperando una mirada

de tus radiantes bellos ojos

(Cenes, eran muy azules).

 

Veinte amantes en fila,

galantes inexpertos, galanes marchitos,

los he visto ir y venir,

esperando pacientemente la oportunidad

de un único baile fugaz;

la juventud y la caballerosidad de Mayfair

te inclinaron como su cortesana línea.

 

Nunca más tus pies

guiarán suavemente las horas risueñas,

ni guiarán la danza soñadora del vals

hacia las "bellas y antiguas melodías de Francia".

Los días de baile pasan fugazmente,

¡muertos y con sólo veintiún años!

 

Si esa antigua visión ética

de Pitágoras es cierta,

tu alma ligera seguramente está ahora

en ese pájaro en la rama,

cantando, con garganta suave y ronca,

al viento que no le hace caso;

o en esa mariposa azul,

revoloteando como una joya,

brillando dorada hacia el sol.

Pronto, como el tuyo, su día habrá transcurrido...

¡Muerto y con sólo veintiún años!

 

Muerto hace una semana, y todavía no

completamente olvidado... no,

¿qué derecho tengo a dudarlo?

Seguro, podríamos haber perdido más fácilmente

a una dama más sabia.

Sobre ti soplará la hierba,

vendrán las primaveras y se irán los otoños.

¿Sabrás alguna vez, Annette,

que quedan aquí uno o dos

que todavía te recordarán?

¿Sobre cuya memoria, de vez en cuando,

con un pensamiento de triste y dulce dolor,

cruzará tu bello rostro de flor,

y la gracia brillante y coqueta,

con el recuerdo de los viejos días.

 

En algún lugar allí más allá del azul,

en las mansiones que tantas son,

dicen, ¿no hay alguno de todos, Annette, para ti?

Tú, cuya única ofensa es

que amaste las pequeñas felicidades,

partiste en dos un corazón tonto

que se recompondría fácilmente.

 

Cálido sol de verano, brilla amigablemente aquí;

cálido viento del oeste, sopla amablemente aquí;

Césped verde arriba, descansa la luz, descansa la luz.

¡Buenas noches, Annette!

                                         ¡Cariño, buenas noches!


y este es el enlace para disfrutar la melodía coral de la canción de Dan Forrest. Vale la pena. 

 https://danforrest.com/music-catalog/good-night-dear-heart-ssaa/

 Saludos.

 

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